12.6.08

Desquite de Brasil en Asuncion

Diego sueña con el desquite en Asunción

La guinda de un palmarés sensacional. Era lo que los seguidores de Brasil deseaban y exigían en 2004. Un único trofeo brillaba por su ausencia en la vitrina de la selección que ostentaba el récord ex aequo de victorias en la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA y era dueña de una cantidad de títulos de la Copa Mundial Sub-17 de la FIFA y de la Copa Mundial de la FIFA sin precedentes. Si había que hacer caso a la mayoría de brasileños, esta situación cambiaría por fin el 28 de agosto de aquel año, una vez disputada la gran final del Torneo Olímpico de Fútbol masculino.

En primer lugar, sin embargo, el combinado sub-23 cuajado de estrellas que conjuntó Ricardo Gomes tenía que reservar el billete a Atenas, aunque prácticamente nadie le auguraba el fracaso durante los preliminares de su último partido de clasificación, que se celebró en Viña del Mar (Chile). Brasil necesitaba tan sólo el empate con Paraguay, una selección a la que ya se había impuesto por 3-0 en su primer partido de clasificación. Pero sucedió lo impensable: la albirroja ganó por 1-0 e impidió que su más ilustre vecina se batiera en la arena ateniense por la conquista de la que habría sido su primera medalla de oro olímpica.

Diego y Robinho, los prodigios del Santos, a la sazón de 18 y 20 años respectivamente, se convirtieron en chivos expiatorios aquel aciago día de enero de 2004. Desde entonces, Robinho ha lavado con creces las culpas de aquel traspié, pero a Diego no se le ha concedido la oportunidad de purificar las suyas. Porque, aunque Diego Ribas da Cunha ha recibido 36 convocatorias para la selección de Brasil y ha alzado dos Copas de América, tan sólo desempeñó papeles de secundario en esos triunfos continentales.

Ahora, dos temporadas impresionantes con el Werder Bremen, combinadas con las ausencias de Kaká y Ronaldinho, garantizan a Diego la oportunidad de ocupar el domingo el vértice del mediocampo brasileño en calidad de titular, durante el nuevo intento de la selección por conseguir el pase para Sudáfrica 2010. Irónicamente, recibirá el encargo de quebrar la defensa de su antiguo verdugo, Paraguay, al que también se enfrentó en la derrota por 2-1 sufrida en la Copa América 2004. El partido pondrá a prueba la entereza de este oriundo de Ribeirao Preto. No en vano, Paraguay ocupa el primer puesto da la tabla de la CONMEBOL, con diez puntos en cuatro partidos, durante los que ha cedido sólo un gol.

"Paraguay fue el equipo que desbarató nuestro sueño olímpico en uno de los peores momentos de mi carrera. Nos resultará imposible olvidar esa derrota", se lamenta Diego. Resarcirse de aquel agravio no es, sin embargo, lo único que tiene en mente este joven de 23 años. Diego llega resuelto a reclamar para sí un puesto de titular en el equipo de Dunga.

"Tengo muchas ganas de jugar ese partido", afirmó Diego. "Me siento en un momento de forma fenomenal. Si el seleccionador se decide por mí para la alineación contra Paraguay, me encontrará perfectamente preparado. El momento no puede ser más propicio. Cualquier equipo acusaría las ausencias de jugadores como Kaká o Ronaldinho, pero yo estoy en forma. Confío en recibir la aprobación del míster y en hacer lo suficiente para conservar el puesto en el once inicial".

Un arduo camino
A los 17 años de edad, Diego espoleó al Santos hasta la conquista del Campeonato Brasileño y automáticamente fue entronizado como el futuro del dorsal número 10 del país. Sin embargo, tras la tragedia olímpica y su traspaso al Oporto portugués a mediados de 2004, muy alta fue la caída. Infrautilizado en el Estadio del Dragón, se vio apartado del once inicial de la selección brasileña durante tres años.

Para cuando se cumplió ese tiempo, Diego ya había encandilado con su magia a los aficionados del Werder Bremen. Tras dos temporadas en el Weserstadion, su registro de goles en la liga alemana presenta un total de 26 tantos en 60 partidos. No está nada mal para un futbolista cuyo fuerte, según él mismo admite, es crear ocasiones; un objetivo que consigue a placer gracias a sus malabarismos en el regate, su visión de juego y la ejecución de los pases.

"La competencia por los puestos en la selección brasileña, especialmente en mi posición, es feroz. Por eso estoy tan honrado de haber recibido esta convocatoria", reveló Diego, autor del primer gol de la victoria por 3-2 de Brasil en el amistoso de la semana pasada contra Canadá. "No siempre me ha ido bien con la Seleção, aunque jamás he dejado de creer a pies juntillas que el destino me ha reservado un futuro estupendo. Ahora lo que quiero es consolidarme en el equipo nacional".

"Nos esperan dos encuentros de clasificación muy importantes contra Paraguay y Argentina. Serán partidos muy difíciles, pero nosotros tenemos la calidad necesaria para conquistar la victoria en ambos y dar un gran paso adelante en el camino hacia la Copa Mundial".

Si Diego contribuyera con su juego a que Brasil se anotara todos los puntos en juego en sus choques de las jornadas 5 y 6 (lo que dejaría a la Seleção prácticamente en la cima de la tabla), podría convertirse muy pronto en un habitual del once inicial de Dunga.

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